Durante dos décadas, la lógica fue simple, quien ganaba en Google, ganaba en el mercado. Pero 2025 ha cambiado esa ecuación para siempre. Hoy, millones de decisiones empiezan y terminan en una conversación con una IA, no en una página de resultados. El clic se ha vuelto residual; la respuesta, definitiva.
Ese cambio está transformando la relación entre marcas y audiencias. Ya no basta con comunicar bien, hay que ser legible, entendible y recomendable para los sistemas que filtran la información. En un entorno donde el 85 % de las interacciones con IA no generan tráfico pero sí influyen en la decisión, el riesgo más grande no es reputacional. Es la invisibilidad algorítmica.
Y aquí surge una pregunta incómoda:
¿Qué saben realmente las máquinas de tu marca?
En muchos casos, menos de lo que pensamos. Cerca del 70 % del esfuerzo de marketing actual es invisible para los modelos de IA. No lo leen, no lo priorizan o no lo consideran una fuente relevante. Paradójicamente, invertimos más que nunca… para ser vistos cada vez por menos.
La buena noticia es que estamos en una ventana de oportunidad única. Igual que ocurrió con los buscadores en 1998 o con las redes sociales en 2006, quienes se muevan primero marcarán el estándar. Los algoritmos aún no están saturados. La competencia todavía es baja. Y cada acción que mejora tu “huella algorítmica” genera un efecto acumulativo difícil de alcanzar más adelante.
Entramos en la era del marketing dual: uno que sigue emocionando a las personas, pero que también entrena a las máquinas para comprender y amplificar narrativas. Liderar este cambio no va de tecnología. Va de estrategia, de reputación y de entender cómo se forma hoy la confianza.
En LLYC llevamos tiempo estudiando este fenómeno y compartimos nuestro análisis y hoja de ruta en nuestro informe: Machine Marketing
Si te interesa entender cómo está cambiando la influencia, la atención y la credibilidad en la era algorítmica, te invito a leerlo.
El juego ha cambiado. Y ya está en marcha.